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	<title>comunicación Archives - Red-Genera</title>
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	<description>Diversidad y Género</description>
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	<title>comunicación Archives - Red-Genera</title>
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		<title> EL CUIDADO EN DISPUTA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[María Esther Isoardi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 15:55:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La tarea de sostener la vida sigue recayendo de manera desigual y, muchas veces, invisible. Entre la responsabilidad individual y la necesidad de una organización colectiva, el cuidado se vuelve un terreno de tensión política, económica y afectiva. «Es que a veces no alcanzan todos los ojos, Amanda… Lo llamo ‘distancia de rescate’, así llamo a esa [&#8230;]</p>
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<h4 class="wp-block-heading has-text-align-center">La tarea de sostener la vida sigue recayendo de manera desigual y, muchas veces, invisible. Entre la responsabilidad individual y la necesidad de una organización colectiva, el cuidado se vuelve un terreno de tensión política, económica y afectiva.</h4>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>«Es que a veces no alcanzan todos los ojos, Amanda… Lo llamo ‘distancia de rescate’, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija, y me paso la mitad del día calculándola»</em></strong>.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Samanta Shweblin</p>
</blockquote>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="224" height="225" src="https://red-genera.com/wp-content/uploads/2026/04/Kruger.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://red-genera.com/wp-content/uploads/2026/04/Kruger.jpg 224w, https://red-genera.com/wp-content/uploads/2026/04/Kruger-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 224px) 100vw, 224px" /></figure>


<p class="wp-block-paragraph">Hay algo que se repite en las conversaciones cotidianas, en las organizaciones y en las familias: el cansancio. Pero no nos referimos a cualquier cansancio, sino a uno difícil de identificar, de nombrar. El de sostener. El de estar. El de anticipar lo que falta, lo que importa, lo que puede perderse o romperse. Es el trabajo de cuidar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante mucho tiempo, el cuidado fue pensado como una expresión natural, una disposición, una habilidad innata, una cualidad, una forma de ser. Algo que a algunas personas, casi siempre mujeres, parecía dárseles naturalmente. Pero cuando nos detenemos a pensar, el cuidado deja de ser un gesto espontáneo y aparece como lo que realmente es: un trabajo. Un trabajo imprescindible para que la vida funcione.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Autocuidado</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En los últimos años, además, se volvió frecuente otra palabra: autocuidado. Como si, frente al desgaste creciente, la respuesta fuera hacia adentro. Cuidarse, poner límites, preservar energía. Y, sin duda, hay algo de eso que es necesario. Como advierte&nbsp;<a href="https://www.evelia.unrc.edu.ar/evelia/archivos/idAula110406438188/materiales/2_Teoricos/Bibliografia_/Sara-Ahmed-Vivir-Una-Vida-Feminista.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Sara Ahmed</strong>,</a>&nbsp;el autocuidado no es una práctica individualista cuando las personas se encuentran en contextos difíciles y hostiles. Inspirada en Audre Lorde, entiende el autocuidado como un modo de resistencia, un gesto indispensable para sobrevivir. «Cuidarse a una misma no es autocomplacencia, sino autopreservación».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el problema aparece cuando el autocuidado se vuelve la única respuesta a problemas que son estructurales, que son colectivos. Cuando se transforma en mandato, o en argumento&nbsp;<em>coach</em>&nbsp;para subrayar la responsabilidad individual de un problema que requiere una respuesta organizacional. Cuando se le pide a cada persona que gestione gratuitamente, y en soledad, el costo de sostener lo que es estructural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el cuidado es siempre el cuidado de alguien o de algo. No ocurre en el vacío. Ocurre en familias, en instituciones, en comunidades que están atravesadas por desigualdades profundas. Y, en esos contextos, no todas las personas cuidan lo mismo, ni en las mismas condiciones, ni con el mismo reconocimiento. Algunas necesitan autocuidarse para poder cuidar; otras necesitan aprender a cuidar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las familias, el cuidado sigue recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres. No solo en las tareas visibles, sino también en todo aquello que no se ve: organizar, recordar, sostener vínculos, gestionar emociones. Es un trabajo constante, muchas veces silencioso, que se naturaliza como parte del rol.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Las Instituciones del&nbsp;cuidado﻿</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En las instituciones, el cuidado no es accesorio: es trabajo. Hay profesiones enteras organizadas en torno a cuidar —salud, educación, seguridad—, donde sostener a otros es la tarea cotidiana. Pero incluso ahí, donde el cuidado es explícito, persiste una pregunta que incomoda: ¿quién se ocupa de quienes cuidan? ¿En qué condiciones lo hacen, con qué recursos, con qué reconocimiento?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y más allá de esos roles, el cuidado también sostiene a las organizaciones desde lugares que no se nombran. Está en quien escucha, en quien contiene, en quien evita que todo estalle. Ese trabajo, sin embargo, no entra en las métricas ni en las evaluaciones. No se paga, no se distribuye, no se gestiona. Y, justamente por eso, se concentra siempre en los mismos cuerpos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una mirada crítica, esto no es casual. Para esta línea de los estudios de género, el sistema económico se apoya en ese trabajo de cuidado al mismo tiempo que lo invisibiliza. Tal como argumenta con solidez&nbsp;<a href="https://newleftreview.es/issues/100/articles/nancy-fraser-el-capital-y-los-cuidados.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Nancy Fraser, en «Las contradicciones del capital y los cuidados»,</strong></a>&nbsp;se sostienen parasitariamente de la reproducción social. Es decir, dependen de ese trabajo que no remuneran ni organizan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la misma línea, Silvia Federici ha mostrado cómo el cuidado fue históricamente relegado al ámbito de lo “natural”, ocultando que se trata de una forma de trabajo fundamental para el funcionamiento del sistema. Algo que se espera que esté siempre disponible, sin costo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado es conocido: una sobrecarga persistente, distribuida de manera desigual, que se vuelve cada vez más difícil de sostener. Y, frente a eso, el autocuidado aparece como un intento —a veces el único— de poner un límite.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay algo que no se resuelve a ese nivel.&nbsp;Porque, si el cuidado es lo que hace posible la vida en común, entonces no puede depender de la capacidad individual de resistir. Tiene que ser pensado como una responsabilidad colectiva. Y también, como un derecho.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El cuidado como derecho</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto, resulta clave el aporte de&nbsp;<a href="https://www.derecho.uba.ar/investigacion/documentos/2019-laura-pautassi-el-cuidado-como-derecho.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Laura Pautassi</strong></a>, quien propone entender el cuidado como un derecho humano fundamental. Esto implica no solo el derecho a cuidar, sino también a ser cuidado y a cuidarse en condiciones dignas. Pero, sobre todo, implica que el cuidado deje de ser un asunto privado para convertirse en una cuestión pública, que requiere políticas, recursos y organización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensar el cuidado como derecho cambia la pregunta. Ya no se trata solo de quién puede o quiere cuidar, sino de cómo se distribuyen socialmente esas responsabilidades. Qué lugar ocupan el Estado, el mercado, las organizaciones y las comunidades. Y qué condiciones se generan para que ese cuidado sea posible sin convertirse en sacrificio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un contexto donde todo empuja a acelerar, a producir más, a sostener más, detenerse a pensar en el cuidado puede parecer una frivolidad. Pero no lo es. Porque, en esa trama, muchas veces invisible, se juega algo central: quién sostiene la vida y en qué condiciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez la pregunta no sea solo cómo cuidarnos mejor, sino cómo construir formas de vida en las que cuidar no implique agotarse. Donde el sostén no recaiga siempre en las mismas personas. Donde el cuidado deje de ser una carga silenciosa y se convierta en una práctica compartida, reconocida y posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La obra que ilustra esta nota es «Sin título (Tu cuerpo es un campo de batalla)»- 1989 &#8211; Bárbara Kruger &#8211; EEUU</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>HABLAR POR HABLAR: qué decimos cuando no decimos nada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[María Esther Isoardi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Jul 2025 21:59:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En tiempos de sospecha, alta productividad y emociones crispadas, las pequeñas charlas cotidianas aparecen como gestos mínimos de conexión, cuidado y resistencia afectiva. ¿Y si hablar del clima fuera mucho más que cumplir con las formas, que pasar el tiempo? Hablamos sobre el tiempo. Sobre lo que comimos anoche. Los resultados de un clásico del [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure class="wp-block-post-featured-image"><img decoding="async" width="650" height="454" src="https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/Hoppe.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="La imagen:&#039;Conversación nocturna&#039; (1949), de Edward Hopper." style="object-fit:cover;" srcset="https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/Hoppe.jpg 650w, https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/Hoppe-300x210.jpg 300w" sizes="(max-width: 650px) 100vw, 650px" /></figure>


<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h4 class="wp-block-heading">En tiempos de sospecha, alta productividad y emociones crispadas, las pequeñas charlas cotidianas aparecen como gestos mínimos de conexión, cuidado y resistencia afectiva. ¿Y si hablar del clima fuera mucho más que cumplir con las formas, que pasar el tiempo?</h4>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hablamos sobre el tiempo. Sobre lo que comimos anoche. Los resultados de un clásico del fútbol. Sobre una serie de televisión que es tendencia. Sobre lo extraño que es el perro del vecino del sexto piso.</strong><br>Las consideramos charlas “intrascendentes” y solemos tratarlas como una actividad secundaria, casi superflua. Un recurso de paso entre temas e intercambios más serios. Nos disculpamos por ellas, las subestimamos, las desplazamos al terreno de la insignificancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Pero ¿son realmente intrascendentes?</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, muchas investigaciones desde las ciencias sociales contemporáneas nos dicen lo contrario. Lo que parece liviano es, en verdad, lo que nos sostiene. Es precisamente este intercambio aparentemente frívolo el que constituye una de las formas más poderosas y fundamentales del tejido social. Lo que decimos cuando no decimos nada es, a menudo, lo que más dice sobre nosotras, sobre nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sociólogo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Erving_Goffman">Erving Goffman</a> —uno de los pioneros en el estudio de la vida cotidiana— nos enseñó que toda conversación, por mínima que sea, está estructurada como un ritual social. Cuando desarrolló el concepto de “trabajo de la cara”, demostró cómo, incluso en saludos breves o intercambios triviales, se negocia constantemente la imagen que pretendemos proyectar hacia los demás y la negociación permanente que esto requiere. Cuando hablamos del clima o de lo que tarda el colectivo, no hablamos solo del tiempo o de la frecuencia del transporte: hablamos para estar, para confirmar que estamos presentes, disponibles, sintonizados con lo común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las palabras mínimas son, en ese sentido, verdaderas herramientas de vínculo. En términos antropológicos, se trata de rituales de mantenimiento, formas de reconexión que permiten facilitar la vida social y sostener la red relacional cotidiana: la familia, el barrio, el grupo de trabajo, la comunidad afectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estas interacciones se activan lo que la psicología social llama “lazos débiles” —conceptualizados por Mark Granovetter en la década del 70—. Se trata de aquellos vínculos con personas con quienes no compartimos una intimidad profunda, pero sí cierta regularidad: la señora del kiosco, el encargado del edificio, el cadete del trabajo que pasa todos los días. Estos lazos, aunque no estén cargados de intensidad emocional, cumplen una función crucial en nuestro sentido de pertenencia y bienestar. Estudios recientes han demostrado que quienes mantienen pequeños intercambios con su entorno cotidiano tienden a sentirse más conectados y menos solos. En otras palabras, esas charlitas intrascendentes no nos cambian la vida, pero nos integran a una red que nos sostiene más de lo que solemos pensar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más aún: esas microconversaciones constituyen espacios seguros. Lo que podría parecer irrelevante —»Hoy hace más calor que ayer», «¿Sabés si pasó el fumigador?», «Estoy saliendo a caminar varias mañanas a la semana»— implica un tono neutral donde encontrarnos, libre de juicios, donde simplemente indicamos que estamos presentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En una época marcada por la productividad constante, la hiperconectividad y la ansiedad del rendimiento, estas conversaciones mínimas nos devuelven a una humanidad de baja intensidad. Son gestos de cuidado disimulado: el café compartido al lado de la máquina en la oficina, el mensaje sin contenido explícito (“¿todo bien?”), el meme que se envía solo para hacer sonreír.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese gesto está la comunidad en estado mínimo, pero no por eso menos valiosa. Es el código cotidiano de la cercanía. Es la afectividad subterránea que resiste. Porque hablar de esto y aquello, en definitiva, es también un modo de evitar el aislamiento, de recordarnos mutuamente que existimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decimos “charla trivial”, pero lo que estamos haciendo es relacionarnos. Y eso es exactamente lo que necesitamos.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Tiempos de pasiones tristes</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos tiempos atravesados por lo que <a href="https://sigloxxieditores.com.ar/libro/la-epoca-de-las-pasiones-tristes-2/?srsltid=AfmBOoqlDCXViwEJKmE9aSKkDNNjRmfkgpTgi0sCii-BZphT9mN2gqOH">François Dubet llama «<em>pasiones tristes</em></a>«: emociones como la ira, el resentimiento, la desconfianza y la frustración aparecen con demasiada frecuencia en el espacio público. Las redes sociales son una urdimbre de juicios rápidos, acusaciones cruzadas y un microclima de sospecha generalizada. La indignación parece ser el modo natural de estar en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Dubet, estas pasiones no son reacciones aisladas o individuales, sino síntomas de un malestar social profundo. Lo que cambia es la forma en que hoy experimentamos la desigualdad: ya no como un conflicto por circunstancias estructurales, sino como una sucesión de diferencias cotidianas que parecen arbitrarias e injustas, porque no se termina de entender del todo la causa o el origen. Un trabajo que no conseguimos, una oportunidad que vimos pasar de largo, un beneficio al que no podemos acceder&#8230; Así, la bronca se vuelve individual, fragmentada y sin dirección.</p>



<figure class="wp-block-gallery alignleft has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image alignright size-large"><img decoding="async" width="838" height="1024" data-id="17556" src="https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/ranking-838x1024.jpg" alt="" class="wp-image-17556" srcset="https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/ranking-838x1024.jpg 838w, https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/ranking-246x300.jpg 246w, https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/ranking-768x938.jpg 768w, https://red-genera.com/wp-content/uploads/2025/07/ranking.jpg 819w" sizes="(max-width: 838px) 100vw, 838px" /></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y es en ese clima de tristeza social que irrita, que nos encierra, que gestos mínimos como una charla trivial pueden y deben ser revalorizados. Hablar del clima. Del perro que ladra en la noche. De la serie que está de moda. No parece mucho, pero a veces eso es todo lo que tenemos para contrarrestar la desconfianza generalizada.<br>La conversación cotidiana —esa que muchas veces desestimamos como superficial— sostiene el mundo común cuando la sospecha lo amenaza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Erving Goffman nos enseñó que los rituales cotidianos (un saludo, una sonrisa, un “¡qué frío hace!”) son formas simbólicas que organizan lo cotidiano y nos permiten sentirnos parte de un todo. Son microactos de reconocimiento mutuo, donde el otro deja de ser una amenaza  para convertirse en un rostro cercano, accesible, compartido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si hay algo que estas pasiones tristes erosionan, es justamente la posibilidad de imaginar que hay un “nosotros”. Que no estamos solos con nuestra rabia. Que hay otras personas —diferentes, sí, pero reales— con quienes seguir tejiendo lo común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando estaba terminando de escribir estas ideas, me tropecé con un <a href="https://hbr.org/2025/04/how-people-are-really-using-gen-ai-in-2025?ab=HP-latest-text-5">informe de Marc Zao Sanders</a> que analiza lo que “de verdad” la gente hace con la inteligencia artificial. Y el ranking vino a confirmar algo de lo que venimos hablando: la necesidad de contactos sociales para el bienestar emocional y social.<br>Según su investigación, mientras que en 2024 el primer lugar en el ranking de usos era “la generación de ideas”, en 2025 el uso principal es “compañía”.</p>



<h5 class="wp-block-heading"><strong>Claramente estamos necesitando hablar por hablar.</strong></h5>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Comunicación en las organizaciones // UBA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[María Esther Isoardi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Apr 2017 12:47:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Seminario «Teorías de la Comunicación Humana». Psicología Laboral. UBA Código: CO1708 Docente/s Responsable/s: María Esther Isoardi Objetivos: Otorgar al participante del seminario, los elementos básicos de la comunicación interpersonal, grupal y social, destacando aquellos aspectos relacionados con la comunicación en las relaciones laborales y en las organizaciones. Contenidos: 1. Cultura y organizaciones 2. La comunicación. 3. La [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Seminario «Teorías de la Comunicación Humana». Psicología Laboral. UBA</b><br />
<strong>Código:</strong> <strong>CO1708 </strong></p>
<p><strong>Docente/s Responsable/s:</strong> <a href="http://www.psi.uba.ar/posgrado.php?var=posgrado2017%2Fespecializacion%2Forganizacional%2Fcursos%2Fcurso.php&amp;id_curso=103&amp;id_docente=66#" data-toggle="modal" data-target="#curriculum">María Esther Isoardi</a><br />
<strong>Objetivos: </strong>Otorgar al participante del seminario, los elementos básicos de la comunicación interpersonal, grupal y social, destacando aquellos aspectos relacionados con la comunicación en las relaciones laborales y en las organizaciones.<br />
<strong><br />
Contenidos: </strong>1. Cultura y organizaciones 2. La comunicación. 3. La organización como red conversacional. 4. Gestión y Planificación de la Comunicación Interna 5. Nuevas tecnologías, globalización y comunicación organizacional<br />
<strong><br />
Modalidad de dictado: </strong>Teórico-práctica. La práctica consiste en: Clases teórico-prácticas y prácticas con estudio de casos<br />
<strong>Carga horaria total: </strong>16 hs (8 hs teóricas + 8 hs prácticas)<br />
<strong>Frecuencia: </strong>intensiva<br />
<strong>Evaluación: </strong>monografía individual<br />
<strong><br />
Condiciones de admisión: </strong>Graduados de carrera mayor (no menor a 4 años de cursado)<br />
<strong><br />
Fechas de dictado: </strong>sábados 22 y 29 de abril de 2017, de 9 a 17<br />
<strong><u><br />
</u></strong><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-9342" src="https://red-genera.com/wp-content/uploads/2017/04/Teoría-de-la-Comunicación-Humana.gif" alt="" width="960" height="720" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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