WOKE: ¿SER O NO SER?

En los últimos años, el término woke ha pasado de ser un llamado a la conciencia social a convertirse en un insulto en los debates políticos. Pero, ¿de dónde viene realmente esta palabra? ¿Por qué su significado ha cambiado tanto? Y, sobre todo, ¿qué nos dice esto sobre la lucha por la igualdad? Para entenderlo, es clave diferenciar entre la igualdad formal y la igualdad sustantiva y preguntarnos si un mundo más justo es posible 


“Desperté”, ese es el significado literal de la palabra “woke”, el pasado de “wake”, que significa despertar.  Pero “ser o no ser woke», en jerga estadounidense indica con qué posturas políticas estás más identificado.  

Hay quienes señalan como el primer antecedente de alguien que hizo uso de este término, al llamado del predicador, periodista y empresario jamaicano Marcus Garvey que en 1923 expresó: “Wake up, Etiopía! Wake up, África!”. Otros creen que el origen se remonta a la época la segregación, a los tiempos de linchamientos en la década de los 30 en el sur de EEUU, cuando el cantante de blues Lead Belly advertía que era necesario “stay woke”. Sin embargo, otros aluden al novelista norteamericano William Melvin Kelley, que en 1962 publicó un ensayo en el New York Times titulado If You’re Woke, You Dig It (‘Si estás despierto, lo entiendes’) y se refería a la situación de discriminación de los afroamericanos. Cualquiera sea el caso, el término woke surge en el contexto de la lucha por los derechos civiles en los EEUU. 

Más recientemente, en 2017, el diccionario Oxford agregó una nueva acepción de “woke”,  y lo definió como: “Estar consciente de temas sociales y políticos, en especial el racismo” y la aclaración: “Esta palabra a menudo se usa con desaprobación por parte de personas que piensan que otras personas se molestan con demasiada facilidad por estos temas, o hablan demasiado sobre ellos de una manera que no cambia nada».

En estos días parece que se ha impuesto el uso negativo del término. Se utiliza “Woke” como insulto. Son tiempos en donde la preocupación por la justicia social y la empatìa por aquellas personas que se encuentran en situación de desventaja social, étnica, política o cultural, se presenta como una impostura, como una hipocresía, pero – curiosamente- también como obstáculos para una vida en “libertad”

Entre quienes juzgan como exageradas la preocupación por la desigualdad que se produce a partir de ciertas diferencias, argumentan que no hay necesidad de intervención del Estado a través de políticas públicas porque “todos” somos iguales ante la ley. De ahí el desprecio por las posturas políticas progresistas y la etiqueta de “woke” en forma despectiva. Por esta razón, y para seguir pensando, es necesario, volver a la distinción entre la igualdad “formal” “jurídica” y la “igualdad sustantiva real o material”

1. Igualdad (formal o jurídica)

La igualdad formal se refiere al reconocimiento de los derechos en la ley, plasmados en textos constitucionales, tratados internacionales y normativas. Se basa en el principio de que todas las personas son iguales ante la ley y tienen los mismos derechos y obligaciones, sin discriminación por motivos como género, raza, religión o condición socioeconómica. Se expresa en términos legales y abstractos, es el primer paso para garantizar derechos y tiende a ser neutral, aplicando las mismas normas a todas las personas sin considerar las desigualdades estructurales.

2. Igualdad Sustantiva (real o material)

La igualdad sustantiva, por su parte, busca garantizar que todas las personas puedan ejercer esos derechos en condiciones de equidad. Reconoce que existen desigualdades estructurales históricas y propone medidas concretas para eliminarlas o reducirlas. Este enfoque requiere transformar las condiciones sociales, económicas y culturales para nivelar las oportunidades. No basta con garantizar derechos formales; se requiere que esos derechos se traduzcan en oportunidades reales. Considera las desigualdades de partida y aplica medidas compensatorias, como acciones afirmativas o políticas públicas inclusivas. Busca resultados equitativos, no solo reglas iguales.

¿Cuál es la diferencia?

Mientras que la igualdad formal o jurídica es un reconocimiento normativo, la igualdad sustantiva implica acciones concretas para garantizar que ese reconocimiento se traduzca en resultados reales y equitativos. La primera es una condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar una sociedad igualitaria.

La igualdad sustantiva es esencial porque parte de la premisa de que las personas no parten del mismo punto en la carrera social. Factores históricos, culturales y económicos generan desventajas estructurales que no pueden resolverse con una aplicación neutral de las leyes. Para avanzar hacia sociedades verdaderamente justas, es necesario combinar ambas dimensiones: el reconocimiento formal de los derechos (igualdad declarativa) con políticas activas que permitan cerrar brechas y transformar estructuras discriminatorias (igualdad sustantiva).

Para llegar a esa igualdad sustantiva se requiere de la intervención del Estado, el desarrollo de políticas públicas y el compromiso de la sociedad civil. La historia nos enseña que los derechos de los que gozamos en la actualidad surgieron de la tensión entre quienes defendían lo establecido y aquellas personas que creían que otro mundo era posible. Un mundo más justo, más amable es posible. Por eso es necesario ”mantenerse despierto – Stay woke”

Compartir este artículo: